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Revista Redondo y Cuadrado

«Breve manual para lidiar con periodistas»

Atender el teléfono: 
Aunque no puedan ayudar con la información puntual o no quieran dar información (es válida la estereotipada frase “sin comentarios”), tienen la obligación de atender el teléfono porque sirven a un amplio público y deben adaptarse al ritmo y a las necesidades de los medios.
Dar información: 
Dar buena información, y con esto me refiero a cuestiones publicables, de los temas que nos interesan y, supuestamente, le interesan a la sociedad, que se basen en información fidedigna, basada en argumentos, con datos precisos y comprobables.
Todo lo que hacen nos interesa:
En general, los periodistas vivimos para contar lo que vemos. Es el ABC del oficio. Y los políticos son personas públicas. Por eso, más que nadie, deben entender el juego y actuar en consecuencia.
No hay amigos periodistas: 
Es simple. Nunca es bueno, para un periodista, ser amigo de un político. No es una máxima, sólo un consejo, pues el periodista antes que un amigo, siempre es periodista.
No hacer diferencia: 
El político tiene más afinidad con uno u otro medio o periodista, pero todos deben ser igual de importantes a la hora de hacer su trabajo, que, entre muchas otras cuestiones, es informar.
El que se calienta, pierde: 
Hay políticos a los que les gusta pelearse con periodistas. No tiene sentido. Primero porque, más allá de casos puntuales, somos los transmisores, no los destinatarios del mensaje. Los políticos deben entender en qué lugar están, qué responsabilidad tienen y comprender que vamos a estar sobre ellos. Si no entiende esto, y se enojan por cada cuestión que se publica y los atañe, la va a pasar mucho peor que si comprendiera las reglas del juego.
El político debe tener un periodista a su lado: 
No es extraño que personas que entienden nada de periodismo ocupen el lugar de asesor de prensa de un político o funcionario. Cuesta encontrar periodistas que quieran asesorar a un político o a un gobierno. Pero vale la pena buscar hasta encontrar al interesado. Todo se hará más fácil por la simple razón de que el colaborador del político sabe cómo piensa el “enemigo”, justamente porque estuvo en la otra trinchera.
Hacerse referente en un tema: 
Este punto tiene directa relación con los legisladores. Algunos lo entienden, y apelando a estilos particulares o a estudiar un macrotema, logran convertirse en referentes. La misma dinámica de convertirse en referente, también hace que el político se convierta en fuente, o sea, en responsable de dar información o sólo opinión.
Leer y escribir: 
El dirigente, el funcionario, el político, debe ser un hombre preparado, o al menos esforzarse por dar esa sensación. Se supone que trabajó para tener la responsabilidad de cambiar la realidad, a través de la Política, con mayúscula. Y para lograrlo no hay otra posibilidad que estudiar, analizar, saber, tener sentido crítico, leer entre líneas, entender los juegos del poder. Todo esto se logra con formación intelectual. Es su obligación, porque tiene que ser el más preparado, un referente para los miles que representa, esté en el lugar que esté.
Cristian Ortega –
periodista argentino

 

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